19th Ave New York, NY 95822, USA

Con la Fuensanta llegó la Segunda Guerra Mundial

image_gallery
En septiembre de 1939 sucedieron para los murcianos dos cosas de interés. La primera fue su Feria, de nuevo convocada tras la lucha fratricida. Y la segunda, el estallido de la II Guerra Mundial. Así que mientras retumbaban los cohetes para recibir a la Patrona, los cañones alemanes hacían retemblar el frente polaco.
 
La llegada de la Fuensanta se celebró el 30 de agosto. Unas cincuenta mil personas, bajo un sol de 30 grados, la acompañaron desde su santuario. Apenas unas horas más tarde, miles de alemanes invadían Polonia al mando de Hitler, de quien entonces aún pocos conocían su locura. Como tampoco los murcianos conocían al obispo, Miguel de los Santos Díaz, que tomó posesión de la Diócesis la misma jornada.
 
Después de 3 años de Guerra Civil las campanas del santuario volvieron a anunciar que la Morenica regresaba. En realidad, había pasado la contienda oculta en la urbe. Cuatro horas empleó el cortejo en alcanzar la parroquial del Carmen, donde llegó a las siete de la tarde. Igual que en la actualidad. Luego, como publicó el rotativo ‘Línea’, sobre el Puente Viejo orientaron la talla “hacia la Madre de los Peligros para recibir su tradicional saludo”. 
 
Las portadas de los diarios de la época, ‘La Verdad’ y ‘Línea’, abrieron sus páginas el día 2 con la noticia de la invasión en Polonia. ‘La Verdad’ anunciaba que la ciudad de Dantzig, la primera que bombardearon los alemanes, había quedado “incorporada el Reich”. Como subtítulo se añadía que “el Führer da cuenta al Reichstag del comienzo de la lucha”. El periódico también destacó que el primer ministro inglés, Neville Chamberlain, “culpa de la guerra a Hitler”. Acabáramos. 
 
Hitler tiene razón
‘Línea’, órgano de la Falange, culpaba de la invasión al Tratado de Versalles, el acuerdo que puso fin a la Primera Guerra Mundial en 1919. Este tratado estableció que la hoy llamada Gdansk, única vía polaca de acceso al Mar Báltico pero donde residía numerosa población de origen alemán, quedara bajo la soberanía de Polonia. 
 
El diario consideraba este extremo como “el gran atraco a Alemania”, país al que describía como “la nación vejada”. Al margen de orientaciones políticas, el redactor gozaba de una cierta visión internacional pues aseguró que “ya ha comenzado con todo alarde lo que puede ser una hecatombe”. Lo sería.
 
Los murcianos andaban preocupados, más que por aquella guerra que aún se les antojaba lejana –y bastante habían tenido con la propia-, por garantizarse el pan nuestro de cada día. Al respecto, el Ayuntamiento de Murcia informó que aumentaba de 150 a 200 los gramos de pan diarios por persona. Entretanto, se anunciaba la pavimentación de calles y la convocatoria de una misa de campaña en el solar de la antigua iglesia de San Antolín, destruida durante la Guerra.
 
En el resto de la región no hubo más bombardeo que el producido en Jumilla, donde una tormenta arrojó sobre los campos “piedras como huevos de Paloma”. Los daños ascendieron a medio millón de pesetas. Y en Cartagena tocaron 3 pequeños premios de la Lotería Nacional el sábado 2 de septiembre.
 
El obispo se presenta
Otra de las noticias de aquella jornada fue la llegada por sorpresa del obispo de Cartagena. En un “sencillo carruaje” se trasladó desde la estación del Carmen a la Catedral, para pasmo del sacerdote que en aquel instante se disponía a celebrar la misa de diez. El prelado, que para eso era el jefe, ofició la ceremonia. Además, el Nacional Cinema proyectó la cinta ‘Morena Clara’. Había sido filmada en 1936 y protagonizada por Imperio Argentina y Miguel Ligero. Por ello, advertía la publicidad de que era una “copia completamente nueva”.
 
Anunciaba también ‘La Verdad’ una velada de boxeo en el Murcia Park, con 5 combates, y la constitución de la Sociedad de Cazadores. Más intimidatorio resultó el anuncio del gobernador civil ordenando que todos los refugiados en Murcia después del inicio de la Guerra Civil, el 18 de julio de 1936, “deberán abandonarla en el plazo de quince días, reintegrándose a las residencias que tenían antes del Glorioso Alzamiento”. Solo aquellos que “tengan medios de vida” podían solicitar su permanencia en la región.
 
Más inquietante era el anuncio oficial de ‘Línea’ titulado “Expedientes de depuración”, quizá para que nadie se llamara a engaño. Estaba destinado a los “soldados de Campos de Concentración” e incluía una lista de personas que debían comparecer en el puesto de la Guardia Civil establecido en Santa Teresa. 
 
Los citados se presentarían con “tres personas de solvencia moral o de un aval autorizado por tres firmas reconocidas como autoridad”. En este aval debía figurar “de modo claro y fehaciente la conducta político-social, pública y moral del interesado”.
 
Y el Bando de la Huerta
Más que el comienzo de la Guerra Mundial, que por aquellos días aún nadie así la consideraba, la Feria de Septiembre sufrió las consecuencias de la postguerra española. Así, la tradicional iluminación de La Glorieta fue suspendida porque las bombillas habían desaparecido del almacén municipal. Y con ellas las “antiestéticas y sucias casetas de madera”.
 
Pese a todo, se instalaron 35 casetas nuevas y quioscos, cincuenta puestos de venta de juguetes y cascaruja, entre otros productos, y veintidós atracciones. “Todo el Real de la Feria está engalanado con banderitas de los colores nacionales -señalaba ‘Línea’- y luciendo una profusa iluminación”.
 
Como si la Feria les supiera a poco, los murcianos también celebraron aquel mes de septiembre el Bando de la Huerta, que partió desde la plaza de Santa Isabel. Aunque fue imposible organizar una exposición de productos murcianos, los arcos del Palacio Episcopal acogieron otra muestra de plantas y flores. La inauguración de los festejos se produjo muy de mañana cuando, a las ocho en punto, las bandas de música comenzaron a recorrer la ciudad “ejecutando alegres pasacalles y lanzando cohetes”. Otro estruendo más, en este caso de alegría.

Posts Relacionados

Dejar un comentario

error: Content is protected !!